martes, 26 de marzo de 2013

MARTES SANTO


Edición MariamContigo
MARTES SANTO
(26 de Marzo 2013)


El Martes Santo continúan las celebraciones de la Semana Santa cristiana, según van acercándose los días de los principales cultos que son el Jueves y Viernes Santo, se va reflexionando acerca de diversos pasajes sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

En cuanto a la liturgia cristiana en este día se conmemora la traición de Judas y el papel de éste centran las reflexiones del Evangelio que se lee en las ceremonias de los católicos en este día. Se da lectura al pasaje de las Negaciones de San Pedro, y la Pasión según San Marcos.

Muchos de los actos litúrgicos que corresponden a estas fiestas son escenificados por los celebrantes de los oficios para dar más relevancia a los pasajes que se rememoran.En algunos monasterios e iglesias que cuentas un con un mínimo de tres celebrantes se canta la lectura de la Pasión haciendo una escenificación de la misma, donde el sacerdote que oficia la misa representa a Jesús cantando los textos que a él corresponden. El diácono ejerce de narrador y lleva el peso mayor de la lectura, y el subdiácono actúa como el resto de los personajes.

Así empiezan los oficios litúrgicos de hoy, que se caracterizan por el inicio del canto de la Lamentaciones de Jeremías, en que se profetiza la desolación y el dolor de Jerusalén a causa de los pecados del pueblo.

Esto es en cuanto a la celebración religiosa en sí. Es el día en el que se exalta la imagen de la cruz y por ello muchas de las procesiones que en este día salgan al paso serán Cristos crucificados. 

Son días previos, a los días grandes, a los que se festejan con más fervor, así pues el Martes Santo es uno de los escogidos para las procesiones de  las hermandades de los gremios, que no tienen tantos seguidores, pero no por ello son menos importantes o vistosas.Al ser un día previo a los más importantes, que son el Jueves y el Viernes, en el Martes Santo salen a procesionar muchas hermandades relacionadas con los gremios, como la de los Estudiantes en Sevilla, cuya imagen venerada es el Cristo de la Buena Muerte que va crucificado.

Como son los días previos a las fiestas más grandes, nos encontraremos con ciudades más ajetreadas de lo normal. Muchas de ellas amanecen con una fragancia en el aire que entremezcla los aromas de el clavo, almizcle, ámbar...en definitiva un olor a incienso que invade toda la ciudad, en el caso concreto de Andalucía este olor se mezcla con el azahar tan característico de esta zona. Esto ayuda a que la gente salga de sus casas y se note más bullicio en la calle siempre que el tiempo acompañe. Podemos contagiarnos del nerviosismo de los habitantes que impacientes esperan asistir al desfile de la primera procesión del día y mostrar su fervor. La gente visita con mayor asiduidad las iglesias y monasterios, pudiendo ver cómo han engalanado las hermandades sus imágenes antes de sacarlas a desfilar. 

En estos primeros días de la semana, podemos interpretarlos como preparatorios para los días culminantes en los que se celebrará la Pasión, las calles recibirán muchas procesiones que tendrán un  carácter menos multitudinario, pero que fomentarán el sentir de los festejos.A lo largo de esta Semana grande, podremos disfrutar del contraste en los colores, en los tejidos, en el silencio, en el sobrecogimiento, en las chicotás, el fervor popular... que acompaña a la celebración. Si es la primera vez que asiste a una celebración de Semana Santa, en estos primeros días se puede ir abriendo boca y planear con antelación a las procesiones a las que vamos a asistir, ya que si asistimos a alguna procesión de bulla, (que son las más alegres y en las que mayor número de gente se concentra), hay que saber muy bien dónde ir y cómo, ya que en muchas de ellas casi no se puede ni caminar.

La abundancia de hermandades y cofradías, y sobre todo la fusión de muchas de éstas, ha dado lugar a la acumulación de Pasos bellísimos y con una larga historia, que han de ir saliendo estos días de menor intensidad.

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (49,1-6)

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios


Salmo
Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

R/.
Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R/.

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R/.


Evangelio
 Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38)


En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»

Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.»

Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. 

Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. 

Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir."»

Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»

Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»

Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.»

Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Palabra del Señor


Imaginemos por un momento cuán grande habría de ser la decepción de Jesús aquella noche. Él había elegido doce amigos, para que estuvieran con él y luego enviarles a predicar; y después de estar con ellos, enseñarles, acogerlos y animarlos resulta que uno de ellos le traiciona. Debió ser muy duro. Pero aún así, Jesús no se opone, no pone resistencia, al contrario, le anima a que haga lo que tiene que hacer. Y esto lo hace porque Jesús tenía claro que él había venido a cumplir la voluntad del Padre y que este trago amargo de la traición lo tenía que beber, aunque ello superara sus fuerzas. Una vez más se pone de manifiesto que la invitación que te hace Jesús para seguirle no impide que caigas en las tentaciones por eso el cristiano debe estar permanentemente en oración para fortalecer el vínculo de comunión con el Padre y evitar caer en las garras del demonio.

Ante el anuncio de Jesús de que uno de ellos le traicionaría, vienen las preguntas acerca de quién puede ser. Pedro, a quien Jesús le nombra como cabeza de la Igle­sia toma la iniciativa y con una señal le dice a Juan que le pregunte de quién se trata.

“…Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente”. Era de noche. Con su actitud Judas sale inmediatamente del cenáculo, es como si dijéramos que sale del espíritu de comunión en el que vivía antes de tomar la decisión de traicionar a Jesús. Era de noche, recordemos que el evangelista Juan juega mucho con los opuestos (Luz-tinieblas; cielo-tierra; noche-día). Al especificar que era de noche nos quiere decir la que Judas ha pasado de ser hijo de luz, que busca la verdad, a ser hijo de las tinieblas, que no hace la voluntad del Padre, sino que actúa conforme a sus intereses individualistas. Al leer este pasaje bíblico casi siempre caemos en la tentación de juzgar y condenar la actitud de judas, sin darnos cuenta de muchas veces, también nosotros traicionamos a Jesús con nuestras acciones. Traicionamos a Jesús cuando queremos hacer nuestra voluntad, no la suya. Traicionamos a Jesús cuando no somos coherentes con lo que decimos y hacemos. Traicionamos a Jesús cuando no ponemos nuestro granito de arena para que se haga visible el reino de Dios aquí en la tierra. Traicionamos a Jesús cuando nos volvemos indolentes ante la necesidad del hermano.

Procuremos hacer lo que a él le agrada y aferrémonos a la oración para no caer en la tentación de traicionar a aquel que lo hizo todo por ti y por mí.









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